Strict Standards: Only variables should be passed by reference in /home/quiquesubte/metrodelegados.com.ar/config/ecran_securite.php on line 252
VIDAS PARALELAS - MetroDelegados
MetroDELEGADOS
Portada del sitio > En los medios > VIDAS PARALELAS
  secciones

• Campaña AGTSyP - Asociación gremial de trabajadores del Subterráneo y Premetro

Escribinos a:
Comisión de prensa
Comisión de cultura
Red de soluciones

Deja tu opinion:
Foro de debates
Lista Somos del subte

Visita los blogs de las lineas:


Blog Linea B













Descarga el Anteproyecto de Convenio!
Descarga el Anteproyecto elaborado por los trabajadores del subte, los delegados y el TEL


BUSCAMOS A JULIO

JORGE JULIO LOPEZ

Cualquier información, comunicarse a:
0-800-333-5502 o al 911


Visitas en linea:

Viernes 4 de diciembre de 2009
Critica Digital
VIDAS PARALELAS

Néstor Segovia arrancó como mecánico en el taller de Constitución de la línea C en 1994, el mismo año en que Metrovías tomó posesión del subte porteño. Casi en simultáneo, sin conocerlo, Roberto Pianelli entró a trabajar como boletero en la estación Pichincha de la E.

CRITICA DE LA ARGENTINA Por Alejandro Bercovich 04.12.2009

Néstor Segovia arrancó como mecánico en el taller de Constitución de la línea C en 1994, el mismo año en que Metrovías tomó posesión del subte porteño. Casi en simultáneo, sin conocerlo, Roberto Pianelli entró a trabajar como boletero en la estación Pichincha de la E. Los encargados de Recursos Humanos del grupo Roggio aún deben lamentar aquellos meses de descuido: quince años después, con sus idas y vueltas, el dúo constituye la referencia más escuchada dentro del colectivo sindical más organizado, novedoso, combativo y exitoso de la Argentina.

El Gordo y el Beto tienen casi la misma edad. Cuentan 43 primaveras y más de un tercio de ellas trabajando bajo tierra. Uno tiene pinta de indio y la cultiva con su melena azabache. El otro calza lentes oscuros por cábala pero también para proteger sus ojos verdosos. Sólo se trenzan fiero cuando hablan de fútbol: Segovia es un gallina furioso y Pianelli bostero, tano y peleador.

Son dos tipos laburantes que sólo podrían haber coincidido ahí, en los túneles tórridos que convirtieron en 1913 a la orgullosa Reina del Plata en la primera ciudad con subterráneo de todo el hemisferio Sur. En esos vagones donde los chirridos taladran la audición y en esas cabinas sin luz ni ventilación natural. En los mismos andenes donde hay asambleas de 80, 90 ó 100 delegados en las que se organizan festivales culturales con la misma energía con que se trazan estrategias para mantener a los casi tres mil empleados del sector a la vanguardia de las conquistas del movimiento obrero.

Sus orígenes no podrían ser más distintos. Cuando se hicieron topos no llegaban a los treinta. Segovia venía de una juventud difícil en el norte, con hambre en el campo pobre y luego un oficio de panadero que apenas le permitía sobrevivir. Pianelli había sido vendedor ambulante, acomodador y metalúrgico, pero siempre activista. Cuando se refundó la Federación de Estudiantes Secundarios (FES), con la vuelta de la democracia, figuró entre sus primeros directivos. Ya había visitado varios calabozos por los recitales de rock que frecuentaba durante la dictadura. Iba al Sarmiento, en Barrio Norte, el mismo colegio donde votaba De la Rúa cuando todavía alguien iba a verlo votar.

Una salvedad a modo de paréntesis caparrosiano. El fenómeno del subte no responde sólo a las cualidades de sus dirigentes. Limitarlo a ellos sería injusto como todo recorte de la realidad, pero más aún a la luz de un gremio con historias increíbles como la de la encargada de prensa, Virginia Bouvet, una boletera de la línea C que se convirtió a los 21 años en la delegada más joven de todo el gremio tranviario. Dicho sea de paso, ¿alguien se imagina a una delegada mujer, de 21 años, militando con el mismo Hugo Moyano que dijo el mes pasado que el afiliado es “como la mujer”, a quien “hay que darle cariño y asistencia médica porque si no se va con otro”?

En 1994, cuando entraron Pianelli, Segovia y también Bouvet, el subte obligaba a un régimen laboral agobiante. Se trabajaba ocho horas como si fueran lo mismo su encierro y sus ruidos que una oficina amplia con vista al río. Los despidos arbitrarios eran moneda corriente y Metrovías pretendía tercerizar todas las tareas que no fueran conducir los trenes, sólo porque las leyes prohibían esto último.

Tras quince años de pelea, la cosa cambió bastante. Los trabajadores de vigilancia y limpieza que estaban tercerizados revistan como personal de planta de Metrovías. Todos cumplen la jornada de 6 horas reducida por insalubridad. Los salarios del ramo figuran entre los más altos del sector de servicios. Sólo los superan los obreros calificados de las fábricas de punta, los petroleros y los mineros, según las propias estadísticas oficiales. Los logros llegaron después de amenazas, golpizas, ataques con armas, campañas de difamación personales y colectivas, intentos de soborno, huelgas, quejas de los pasajeros y mucho más. Pero llegaron. Eso no lo discuten la UTA ni Moyano.

Lo más rico de Segovia y de Pianelli no es su rol actual, sino sus trayectorias. Como dos formaciones de la misma línea en sentido contrario, el primero viró de un peronismo heredado al trotskismo del MST y el segundo cambió su formación en la izquierda tradicional por una suerte de neo-sindicalismo, reacio a los partidos, que sus íntimos llaman cariñosamente “pianellismo” y que los activistas más duros tachan de filo-kirchnerismo. Lo que une a ambos entre sí y con los demás delegados es la democracia de base y la primacía de las asambleas para todas las decisiones importantes.

Curiosamente, ninguno de los dos integra la Comisión Directiva del nuevo sindicato del ramo, que el Gobierno reconoció sin admitirlo formalmente para no hacer enojar a la UTA. Son delegados a secas, como cualquier otro. Otro dato llamativo (y dale con el machismo moyanista) es que la mayoría de esa Comisión esté integrada por mujeres, en un gremio donde los hombres son mayoría indiscutida.

Los metrodelegados –como se hacen llamar, con ínfulas de héroe de historieta– no sólo exigen aumentos y reducciones horarias. También editaron un CD de rock y varios periódicos, acaban de publicar una serie imperdible de libros sobre la historia del sindicalismo y sostienen una comisión de Género que elaboró audiovisuales contra la trata de personas. Su flirteo con la CTA –no exento de debate interno– les trajo aire político pero también financiero.

El contraste no podría ser más nítido con la UTA, el gremio que se arroga la representación de los empleados del subte, al que sus supuestos representados acusan de amenazas y ataques con patotas y armas de fuego y cuyo ex secretario general, Juan Manuel “Bocha” Palacios, vive en Miami sin responder algunas preguntas pendientes de la Justicia argentina, como recuerda siempre la ex ministra de Trabajo Patricia Bullrich.

Pianelli y Segovia no podrían vivir en Miami. Se aburrirían. Beto fue a ver a Manu Chao el sábado pasado a All Boys y prefiere un TEG con amigos y su compañera (que le gana siempre) antes que una noche de casino y alcohol, que encima no toma. El Gordo organiza este sábado una colecta para reconstruir su comedor popular “La Viandita”, en Moreno, que destrozaron manos anónimas durante lo más álgido del conflicto con la UTA.

Ambos tienen por modelo de dirigente a Agustín Tosco, el del Cordobazo. Y por modelo de organización sindical a la UOM de Villa Constitución, aquella del “Villazo” que en 1974 obligó al gremio nacional a reconocer a una regional disidente, después de una pueblada que acompañó a los trabajadores en su reclamo pionero de democracia sindical.

Leídos cada uno en su contexto y salvando las distancias de época, ellos parecen estar cerca de convertirse en los Tosco de este siglo. Para que el movimiento del subte sea como el Villazo, todavía falta.


Ver en línea : Critica Digital


||

Metrodelegados Web