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Lunes 7 de julio de 2008, por Prensa del subte [ aM ]
Clarin
La red de subtes, saturada con 1,5 millón de pasajeros diarios

Los problemas se notan más en hora pico. En varias recorridas, Clarín comprobó que la incomodidad y los tumultos son cosa de todos los días. En un fallo reciente, la Corte Suprema criticó la calidad del servicio y dijo que se viaja "apretujado".

Cada tarde, cuando termina la jornada laboral, Buenos Aires se destripa por los huecos de esos trenes. Son ríos de empleados que viajan apretados como sardinas y salen de las formaciones con la desesperación de los ahogados. Un millón y medio de pasajeros diarios zambullidos en 3.000 servicios, escasos. Es medio millón más que hace una década, pero casi con los mismos padecimientos.

Oscar Gavira, bancario, se transporta del invierno de la superficie al verano de los túneles: subió en Plaza de Mayo con el gabán abrochado y llegó a Boedo con la camisa arremangada. "Transpirás y tenés que empujar más que Los Pumas", dice este cuarentón espigado, poco parecido a un rugbier de selección.

Menos suerte tuvo hace cinco años la empleada doméstica María Leonor Ledesma, cuyo pie quedó atrapado entre el vagón y el andén en una de esas jaurías. La lesión fue irreversible y la empresa Metrovías pretendió adjudicarle a la pasajera toda la responsabilidad.

El caso llegó a la Corte Suprema de Justicia, que en abril se puso del lado de la mujer y cuestionó, como nunca antes, la calidad del servicio de subtes.

En un escrito de 17 páginas, el máximo tribunal recordó la incorporación del vocablo seguridad al artículo 42 de la Constitución una decisión valorativa que obliga a los prestadores de servicios públicos a desempeñar conductas encaminadas al cuidado de lo más valioso que existe en ella: la vida y la salud de sus habitantes .

Tras analizar el caso particular de la mujer, la Corte cuestionó la formación de estas encerronas de pasajeros y advirtió que no todo es ganar plata en la prestación de un servicio, sino que se debe invertir para aumentar la seguridad de los pasajeros. El fallo dice:

El usuario de un servicio de subterráneos, que sale del vagón rodeado de gente, sin poder ver siquiera el piso, apretujado y empujado hacia la salida , no puede exigir información sobre las medidas de seguridad que tiene el vagón antes de subir. Tampoco preguntarle al guarda, que tampoco suele estar presente , sobre los riesgos que existen.

La empresa debió adoptar las medidas necesarias para asegurar el ordenado ascenso y descenso de los pasajeros de los vagones, ya sea, por ejemplo, mejorando la frecuencia de las formaciones para evitar las aglomeraciones en los andenes o instruyendo a su personal para que el servicio se desarrolle principalmente en las horas pico sin tropiezos, ni peligros, originados usualmente en empujones, golpes y pisotones. La persecución racional de la utilidad de una prestación no es incompatible con la protección de la persona . Por último, la Corte señaló que el trato digno al pasajero transportado significa que se deben adoptar medidas para que sea atendido como una persona humana con dignidad... Ello incluye la adopción de medidas para que el pasajero no descienda empujado por una marea humana con riesgo para su integridad física y para que viaje de un modo razonablemente cómodo .

Cómodos no parecen los pasajeros agolpados en los andenes de la línea C, estación Avenida de Mayo, un miércoles, 14.33. Los carteles de publicidad son tres veces más grandes que los planos de evacuación. Antes de enterarse por dónde escapar en caso de que ocurra cualquier tragedia, un pasajero en peligro se topará primero con las bondades de la banca privada, la medicina paga o de un circo extranjero. Llega el tren amarillo, completo. Se forma el embudo, pero un brazo interrumpe el cierre total de las puertas, hasta que se acomoda en el interior.

Metrovías admite que hay congestión de pasajeros en los vagones, al punto que entre los reclamos por atender incorporó el capítulo Apretujamiento , coincidencia llamativa con lo señalado por la Corte. La falta de espacio se observa en hora pico, cuando ocurre la mayor concentración de pasajeros , acepta la concesionaria, que puso en marcha un plan de incorporación y renovación de trenes (ver Metrovías dice...).

El subte tiene cada vez más importancia para moverse por la Ciudad ante el colapso del tránsito. Las recientes ampliaciones a la red sumaron pasajeros y la tarifa, si bien aumentó en enero a 90 centavos, está subsidiada como la de trenes y colectivos, y resulta ventajosa comparada con los $ 7 de una hora de estacionamiento.

Un servicio de epígrafes en la TV, Infosubte, avisa que la prestación es normal: trenes cada cinco minutos en las líneas A, B y C. Los que van a Barrio Norte, Palermo y Belgrano, zona de clase media y alta, pueden subirse cada 3.45 minutos. Los que viajan al sur postergado, en cambio, deberán aguardar el doble: siete minutos en la línea E, ocho si siguen hacia las barriadas de Soldati o Lugano, en el Premetro.

A veces, hasta la buena noticia de la normalidad engaña. El subte que observa Clarín llega dos minutos y 20 segundos antes de lo previsto. El próximo es puntual, se distancia cinco minutos del anterior, aunque el que sigue arriba a los tres minutos. La frecuencia irregular es evidente.

Aunque complique la programación, la llegada inmediata de un tren inesperado, detrás de otro que se fue repleto, da chances a los pasajeros de viajar un poco más aliviados que los que llevan la delantera. Ya no parecen sardinas en lata, sino más bien piezas de sushi, pegaditas entre sí, pero sin forcejeos. El rugido que viene del túnel anuncia que la escena se repetirá en instantes.

Un cartel dice que para hacer valer los derechos del pasajero se puede llamar a la Comisión Nacional de Regulación del Transporte, al 0800-333-0300. Y otra vez: por cada mapa que indica estaciones, cabeceras y combinaciones hay cinco de carteles de publicidad. También la información al pasajero viaja apretada.


Ver en línea : Clarin


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